El expresidente de Estados Unidos Bill Clinton enumeró este martes en Filadelfia todas las cualidades políticas que hacen de su mujer y candidata demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton, una “agente del cambio” irrefrenable que ha dedicado toda su vida, afirmó, las causas de los más desfavorecidos de la sociedad. Y las fusionó con la imagen más familiar y humana de la política que aspira a hacer historia convirtiéndose en la primera mujer que se sienta en el Despacho Oval.
Hillary “es mi mejor amiga”, la persona con la que en los últimos 40 años no ha parado de “caminar, hablar y reír” desde el primer paseo que dieron juntos. Pero es también un irrefrenable “agente del cambio” que lleva toda su vida luchando por las minorías y los más desfavorecidos de la sociedad, afirmó el exmandatario al cerrar el segundo día de convención demócrata en Filadelfia.
Un esfuerzo necesario en vista de los problemas que sigue teniendo la campaña de Clinton por superar la desconfianza y recelos de muchos electores que siguen viendo en la demócrata una mujer calculadora y con un grave problema de sinceridad.
Bill Clinton sabía lo que se esperaba de él. Es un orador bueno, muy demandado, y una de sus especialidades son los que da en las convenciones de su Partido Demócrata. Los lleva dando desde que dejó la Casa Blanca en 1999. Muchos demócratas todavía recuerdan emocionados el que dio hace cuatro años en la convención demócrata de Charlotte en apoyo a la reelección de Barack Obama. También ha sido siempre un respaldo clave en las dos carreras electorales de su esposa, la que frustró Obama en 2008 y en la actual.
Pero este no era un discurso más. También era una novedad para el expresidente, que tuvo que asumir un discurso históricamente reservado a una mujer, a la aspirante a primera dama del país. No lo rehuyó, sino que se regodeó en este hecho mientras que cumplió con la norma no escrita de mostrar a los electores, porque de eso se trata, el lado más personal y humano del candidato o, en este caso, candidata, a dirigir sus destinos.
Todo ello sin dejar de destacar los aspectos que la hacen, sostuvo, más capaz que nadie para dirigir Estados Unidos. Así que entrelazó anécdotas de cómo conoció a esa “chica rubia de gafas enormes” la primavera de 1971 y lo mucho que le costó cortejarla y hasta lograr que Hillary se casara con él —tuvo que pedírselo tres veces— con detalles como su pronto activismo con inmigrantes y niños pobres que incluso la llevaron, explicó, a prolongar un año sus estudios universitarios para “aprender qué más se podía hacer para mejorar la vida de los niños pobres”.
“Hillary Clinton es la condenadamente mejor agente del cambio que he conocido en mi vida”, insistió el expresidente en un discurso con el que también apeló a las minorías, los inmigrantes, los discapacitados, a las mujeres “por las que lleva luchando toda su vida”, a los afroamericanos “desilusionados y con miedo a salir a la calle”, pero también a los policías “que protegen nuestro futuro”, en referencia a las tensiones por la violencia policial que han desencadenado ya dos matanzas de agentes de la ley en las últimas semanas.





