SANTO DOMINGO, República Dominicana.-Creo que rondaban las 4 de la tarde de ese 12 de enero de 1972 cuando nos enteramos sin querer por Radio Cristal y en la viva voz de Bonaparte Gautreaux (Cabito) que “los muchachos” libraban desde tempranas horas de la mañana una feroz batalla contra una poderosísima estructura policiaco- militar amparada, según se supo después, por la temible CIA.
“Los muchachos” eran Amaury Germán Aristy, Virgilio Perdomo Pérez, Ulises Cerón Polanco y Bienvenido Leal Prandy (La Chuta).
La fuerza policíaco-militar estaba dotada de una obscena capacidad de fuego para aniquilar, de una vez por todas, a los “delincuentes y asaltabancos” pertenecientes a esta célula revolucionaria de Los Palmeros.
“Los muchachos”, sobre todo Amaury Germán Aristy, combatieron –casi desde su infancia- al conservadurismo dominicano más prestante de Trujillo y luego Balaguer.
La foto de Amaury con 15 años empuñando un rifle en el edificio Copello en plena guerra civil de 1965 ya forma parte de nuestra memoria.
Amaury combatió desde sus inicios los nefastos 12 años de Balaguer. El hijo de Doña Manuela, quien decidió estudiar en el Liceo Juan Pablo Duarte que en el Colegio La Salle, combatió de frente a Don Elito, excelso cortesano de Trujillo, vecino silencioso de la calle Estrelleta y luego residente permanente en su Casa Gris de la Máximo Gómez.
Don Elito, el de la Lucía tan lánguida y tan sublime, cuyos malabares maquiavélicos ahora copian hasta la saciedad de sus bolsillos las más conspicuas y desaforadas élites políticas del país. Mejor maestro para el mal no pueden tener
Un presidente Balaguer firme y coherente contra todo aquello que oliera a democracia, justicia social, participación popular y respeto a los derechos humanos. Todo lo joven y nuevo era “subversivo y enemigo de la Patria” en ese entonces.
Hablamos de los tristes, largos y oscuros años de Guerra Fría. Del Plan de Exterminio Contrainsurgente contra todos aquellos y aquellas que en el 1965 se atrevieron a levantar la voz y los fusiles exigiendo la vuelta del Gobierno Constitucional de Don Juan Bosch. Un Plan de Exterminio puesto en práctica también por las dictaduras setenteras en Argentina, Uruguay, Brasil, Chile. …
A todo lo largo de los 12 años , miles de muchachos perdieron la vida en las manos de las bandas paramilitares recomendadas por la CIA en su afán de torturar y asesinar a la juventud que solo quería disfrutar del “Estado de Derecho» que relativamente disfrútamos en la actualidad.
Retornando a ese 12 de enero, hace ya 43 años, recuerdo como ahora que jugábamos baloncesto-21 mejor dicho- en la cancha del barrio, mientras Amaury-diez años mayor que nosotros -, se enfrentaba a un éjercito
Nadie se percató de la radio que reportaba casi a cada minuto los feroces combates que estremecían el tramo del kilómetro 15 de Autopista Las Américas.
Nadie se percató de lo que pasaba porque el juego nos absorbía energía y nos consumía en la diversión propia de los adolescentes. Pero poco a poco la tensión informativa de los acontecimientos nos llamó la atención. Los reportes cada minuto de Cabito generó un interés cada vez mayor sobre lo que sucedía en Las Américas.
Sobre la radio, nunca supe de quién era y cómo apareció en una cancha de baloncesto. Nadie andaba con una radio en una cancha de barrio para aquel entonces. Misterio.
La tensión se escurría sola en la voz grave y tensa de Cabito Gautreaux, quien desmenuzaba al detalle las incidencias de la feroz y desigual batalla. Cabito, narraba boca abajo en el suelo Y micrófono en mano. Era imposible reportar de pie ante la avalancha de disparos de armas de guerra que cruzaban por todos lados en ese escenario de guerra.
El veterano periodista reportaba el tableteo de las ametralladoras y la llegada de más contigentes. Más pertrechos militares, más tanques, mas carros de combate, más «guardias del arsenal», más generales asesinos con cara de galanes de Hollywood.
Sobre el Contralmirante de la Marina, siempre tan dandy como le toca a los buenos asesinos.
Cabito registraba con la respiración entrecortada los intensos y constantes silbidos de las balas y el estallido de granadas contra todo lo que se movía alrededor de la cueva donde los “muchachos” resistían la brutal ofensiva.








