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Bob Dylan: “Leí mucha poesía antes de escribir mis primeras canciones”

El autor de Blowin’ in the Wind, una de las grandes figuras de la música popular del siglo XX, habla de un tema poco frecuente en sus ya escasas entrevistas: la forma en que compone sus canciones y las principales influencias literarias y musicales de su carrera. Bob Dylan viene a actuar en España este verano, además se acaban de editar el cedé, Live 1964, y el DVD, MTV Unplugged. «No, no, no», dice Bob Dylan tajante cuando le pregunto si los aspirantes a cantautores deberían aprender el oficio estudiando sus álbumes, que es precisamente lo que millares de ellos han venido haciendo en las últimas décadas. «Es natural seguir la pauta de alguien», dice, abriendo la puerta a un tema que ha sido terreno vedado a los periodistas durante mucho tiempo: su proceso como compositor de canciones. «Si yo hubiese querido ser pintor, probablemente habría pensado en intentar ser como Van Gogh, o si fuera un actor en actuar como Laurence Olivier. Si fuera un arquitecto, sería Frank Gehry. Pero no puedes limitarte a copiar a alguien. Si te gusta su obra, lo importante es someterse a todas las influencias que ha recibido esa persona. Quien quiera componer canciones debería escuchar tanta música folk como pueda, estudiar la forma y la estructura de todo el material que ha estado ahí desde hace 100 años. Llegar hasta Stephen Foster».

Durante cuatro décadas, Dylan ha sido una gran paradoja estadounidense: un artista que revolucionó la composición de canciones populares con su obra desnudamente personal y desafiante, pero que nos ha mantenido a tal distancia de su vida personal -y de su técnica creativa- que seguro que no tuvo que ir muy lejos para encontrar el título de su última película: Masked and Anonymous(enmascarado y anónimo). Aunque sus admiradores y biógrafos puedan leer sus cientos de canciones como la crónica de amor y pérdida, celebración y agravio de un hombre, él no vuelve a las historias que están detrás de las canciones, per se, al hablar de su arte. Lo que le resulta más cómodo, y quizá más interesante, es hablar de cómo convierte la vida, las ideas, las observaciones y las cadenas de imágenes poéticas en canciones por medio de su oficio.

Mientras posa en la intimidad de un gran hotel de Amsterdam con vistas a uno de los pintorescos canales de la ciudad, pinta un retrato de su evolución como compositor muy distinto del que cabría esperar en un artista que parece haber aparecido en la escena pop de los años sesenta con su visión y talento intactos. La letra de Blowin’ in the Wind se publicó en Broadside, la revista de música folk,en mayo de 1962, el mes en que cumplía los 21. La historia que él cuenta es de ensayo y error, de salidas en falso y de trabajo duro: un joven en una remota región de Minnesota que encontraba tal libertad en la música del compositorWoody Guthrie que sentía que podría pasarse toda la vida simplemente cantando las canciones de Guthrie; hasta que descubrió su auténtica vocación gracias a un capricho del destino.

Dylan ha dicho con frecuencia que él nunca se propuso cambiar la música pop o la sociedad, pero está claro que estaba imbuido de los ideales que veía en la obra de Guthrie y que se había propuesto ser fiel a ellos. A diferencia de otras estrellas de rock anteriores a él, su objetivo principal no era simplemente estar en las listas. «Siempre admiré a los artistas auténticos, los que tenían dedicación, y aprendí de ellos», dice Dylan, meciéndose lentamente en la silla del hotel. «La cultura popular generalmente llega a su fin con mucha rapidez. La arrojan a la tumba. Yo quería hacer algo que perdurase junto a los cuadros de Rembrandt».

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