Imaginen un reloj que da a los cuidadores de ancianos actualizaciones sobre sus seres queridos por medio de una aplicación. Imaginen un servicio de supervisión de una casa que aparea sensores con un centro inalámbrico que alerta a alguien si Abuela abrió su pomo de píldoras. Imaginen también un robot que cuida a personas de la tercera edad, un dron que ayuda en las tareas de la casa, un reloj que habla activado por voz y recuerda que uno debe tomar cierta pastilla en un momento determinado.
¿Ciencia ficción? Para nada. Ya todos estos productos están en el mercado o se encaminan a estarlo, como parte de un esfuerzo de defensores de la tercera edad, empresas de tecnología y capitalistas de riesgo para entrar en un mercado creciente, pero a veces ignorado.
La tecnología inteligente cambia no sólo cómo envejecemos, sino también dónde, facilitando la tarea tanto para los miembros de la tercera edad como para los que cuidan de ellos. Aparatos como el rastreo con un GPS, detectores sensoriales, aplicaciones de supervisión y recordadores de medicamentos ayudan a más miembros de la tercera edad a vivir de forma independiente en casa mientras mitigan las preocupaciones de sus hijos adultos.
“Para los que los usan, es una forma de mantener la independencia, de ser capaces de mantenerse en casa”, dijo Nancy Stein, fundadora de Seniority Matters, una compañía del Sur de la Florida que ayuda a los cuidadores a buscar servicios para sus padres en la tercera edad. “Ese es el gran argumento de ventas”.







