Yiwu, la ciudad de China donde se fabrica y se vende la Navidad

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Olvídense de Laponia. El verdadero hogar de la Navidad es una ciudad extraña y desconocida de China llamada Yiwu, que es el epicentro global de los adornos festivos y los regalos de plástico.

El escritor y viajero Tim Maughan la visitó y le contó a la BBC su increíble experiencia.

Estoy a unas pocas horas de Shanghái y no he visto la luz del día durante tres horas. Estoy desorientado sin remedio. He tratado de salir de este lugar, pero es como estar en un inmenso laberinto de corredores y locales idénticos. Me rodean árboles de Navidad artificiales, bolas, nieve falsa, gorros de fieltro de Santa Claus y renos iluminados con luces LED. Todo lo que escucho es música alusiva.

Es mi peor pesadilla navideña.

Me encuentro en el sector dedicado a la Navidad del Mercado Internacional de Comercio de Yiwu, unos 300 kilómetros al sur de Shanghái.

Según la agencia de noticias oficial Xinhua, más del 60% de los adornos de Navidad del mundo se fabrican en Yiwu. Y buena parte de la producción se vende en este inmenso mercado mayorista.

Por lo visto, las fiestas son Made in Yiwu (hechas en Yiwu).

Titánico

Me cuesta mucho describir la escala de este mercado. Pero puedo empezar con algunas estadísticas: actualmente abarca un área de cuatro millones de metros cuadrados y tiene nada menos que 62.000 puestos. Recibe la increíble cifra de 40.000 visitantes por día, 5.000 de los cuales son compradores extranjeros.

Sin embargo, los números no bastan para entender cómo es este complejo.

Para apreciar su tamaño hay que recorrer este sitio que se parece a un enorme centro comercial en decadencia, ir a sus entrañas.

El complejo está dividido en cinco distritos. En el número 1, por ejemplo, a ambos lados de un corredor hay negocios que exhiben bolígrafos y lápices. Cuando doy la vuelta a la esquina, más bolígrafos y lápices. Y luego de caminar 15 minutos sigo viendo lo mismo. Invariablemente.

Finalmente llego a una escalera mecánica rota para subir al próximo nivel. Los artículos de librería dan paso a incontables locales que venden estuches para gafas.

El siguiente piso es un distrito entero dedicado a flores artificiales. La persona que organizó mi visita, Liam Young, me dice que recientemente trajo a varios estudiantes que querían conocer los cinco niveles, cada uno de ellos, y que después de ocho horas desistieron. Era imposible.

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