Los estudiantes son damnificados directos del conflicto que el gobierno de Camerún, principalmente francófono, mantiene contra los combatientes separatistas de territorios angloparlantes.

Las fuerzas independentistas bloquean ciudades, pueblos y aldeas en las regiones del noroeste y el suroeste para asegurar que las escuelas se mantienen cerradas por cuarto año consecutivo.

Dichas regiones están fuertemente militarizadas, con tropas gubernamentales que pelean con rebeldes que llegan, atacan y huyen.

Las escuelas debían haber abierto el 2 de septiembre pero, en cambio, miles de padres y niños han dejado sus casas por el miedo a la escalada del conflicto.

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