En las cárceles rusas todo tiene un precio

En las cárceles rusas todo tiene un precio

Una celda más cómoda, una hospitalización e incluso la liberación anticipada… Todo se puede comprar en las cárceles de Rusia, donde la corrupción quedó a la vista con los recientes arrestos y suicidios de responsables acusados de fraude y de extorsión de fondos.

“A finales de 2014, Daria Antonova, encargada de la rehabilitación de presas en el campamento IK-7, pidió el equivalente a 2.600 dólares a mi exmarido a cambio de mi liberación anticipada”, contó a la AFP Elena Fedosseeva, una antigua reclusa de esta unidad situada cerca de Kaluga, a 180 km al sudoeste de Moscú.

Seis meses después del pago de la suma requerida -oficialmente para la “compra de sábanas” fabricadas por las reclusas- Elena quedó en libertad. Los prisioneros condenados por delitos económicos como Elena Fedosseeva (“los azucarados”, según la jerga carcelaria) son las principales víctimas de estos intentos de extorsión de fondos.

En junio pasado, los familiares de las presas de esta unidad acusaron a la directora de haber organizado un fraude a gran escala: les exigía que compraran equipamientos que luego se hacía reembolsar por el Estado con facturas suministradas por las familias. “La directora fue apartada del cargo y está siendo investigada”, informó a la AFP el comité de investigación regional.

A finales de enero, el jefe del campamento IK-2 de Kazán, en Tatarstán, Azfar Kadirov, de 55 años, se suicidó después del arresto de su adjunto, que confesó haber transmitido a la administración penitenciaria el equivalente a 7.000 euros de un preso para la obtención de la libertad anticipada.

En abril pasado, el exnúmero dos de los servicios penitenciarios en Jabarovsk (Extremo Oriente), acusado de corrupción, se suicidó, como había hecho seis meses antes su antiguo jefe, también acusado de fraude.

En julio, tres empleados y dos exempleados del centro número uno de detención preventiva de Moscú fueron detenidos por haber extorsionado 10 millones de rublos (120.000 euros, 133.000 dólares) a presos.

Y el general Alexander Reimer, jefe de la administración penitenciaria de Rusia (FSIN), lleva encarcelado desde marzo, acusado de haber malversado unos 41 millones de euros inflando el precio de la compra de brazaletes electrónicos y de los sistemas de vigilancia que llevan aparejados.

“Sobornos para obtener un teléfono móvil o un medicamento, para que los hospitalicen, para casarse o para usar las duchas: todo se compra en la cárcel”, resume Inna Bajibina, militante de la ONG ‘Rusia entre rejas’ encargada de la defensa de los derechos de los presos. Los precios varían en función de los establecimientos, dice Bajibina, quien pasó dos años detenida en Moscú, acusada de “contrabando”, antes de ser liberada en 2011.

Un ex hombre de negocios se quejó recientemente de su “alquiler mensual demasiado elevado, de un millón de rublos (11.500 euros, 12.700 dólares) por su celda” en el centro de detención preventiva Medvedkovo, en Moscú, recalca.

“Que te trasladen a una celda mejor cuesta 50.000 rublos (580 euros, 640 dólares) en el centro de detención preventiva número 1 de Moscú. El precio es más alto en la prisión moscovita de Butyrka”, cuenta a la AFP Elena Massiuk, periodista y visitadora de cárceles.

“Que te hospitalicen cuesta entre 1.000 y 2.000 dólares, en función del campamento y del estado físico” del interesado, asegura el exdisidente soviético Valeri Borchev.

“Se verificarán todos los casos denunciados, la lucha contra la corrupción continúa”, aseguró a la AFP la portavoz del FSIN, Kristina Belusova.

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