Abramos bien los ojos

POR JOSÉ ARIAS

SANTO DOMINGO. La otra guerra se libra en las redes sociales. Como toda guerra, las batallas son fugaces pero mortíferas para el sentido común.  Y con daños colaterales, tal y como sucede en la realidad, solo que la sangre no se derrama.

Lo que no es virtual es que tres personas asesinaron  a quemarropa a otras que disfrutaban una noche de juerga en París dejando un saldo de cientos de muertos y heridos.

O que en Beirut, un “hermano”   envuelto en un cinturón de explosivos se “inmola” estallar en medio de un mercado popular.

O más real todavía. Más de 250 mil personas han muerto en la Guerra de Siria patrocinada por las principales potencias mundiales las cuales venden armas a los rebeldes y quién sabe si al propio Gobierno de Bashar al-Asad.

Asistimos a la entrega a domicilio de la muerte sucede en cuestión de segundos. El delivery del horror a través del ciberespacio.

Y en las redes nos convertimos en carne de cañón de ambos bandos. Estamos en medio de sus fuegos cruzados.

Ha fracasado la Humanidad. No hay retorno posible o yo no lo veré.

El oscurantismo se impone aunque tengamos la capacidad para comunicarnos con Marte en tiempo en caso de que existiera vida en ese planeta.

El terrorismo no solo es autoría exclusiva del Estado Islámico. Miles de millones de dólares y euros se invierten en la compra y venta de armas a países sin sistemas adecuados para la distribución de agua potable cuya única riqueza es un manto infinito de diamantes bajo sus pies.

No nos arañemos en las redes sociales. Es compleja y dolorosa la geopolítica  del Siglo XXI. Abramos bien los ojos.

En  Facebook Twitter  asistimos  a breves batallitas de  intolerancia salpicadas de resentimiento. Batallas que se olvidan cuando apagamos la computadora o dejamos a un lado el smartphone. Pura civilización del espectáculo. La muerte de otros como un helado que consumimos al instante Mucho enanismo. No crecemos en el debate sino que  damos martillazos a quienes osen poner la bandera de Francia en su perfil o no se apiaden de las masacres en Beirtu o Kenia.

Y el problema, señor, vuelvo y lo repito es que la Humanidad ha fracasado.

No nos arañemos en las redes sociales. Abramos los ojos, bien abiertos. Entendamos que es compleja y dolorosa esta agonía del Siglo XXI. Reitero, abramos bien los ojos.

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